Te he querido, aunque no te lo creas… te he querido. Sabes que no podía irme sin despedirme, así que aquí estoy, pidiendo perdón por todo aquello que sé que no lo tiene. Necesito que me leas, que me escuches pero sobretodo, necesito que me entiendas.
Te he regalado mi libreta. Sí, la famosa libreta. Espero que no me juzgues por todo lo que he escrito, por las palabras salidas del infierno. Sabes, y te confirmo ahora y aquí, que no es cierto. ¿Sabes? Podemos llegar a pensar cosas terribles cuando estamos inmersos en la rabia. La ira puede sacar deseos indeseables, sentimientos horribles… Yo sólo necesitaba sacar todo esto que tenia dentro, y me refugié en mi libreta para que no me tomaran por loco, aunque no lo conseguí.
Los momentos de cordura son los más duros. Cuando ves el daño que haces a la gente que te quiere, y no sabes cómo remediarlo. Y lo peor de todo es cuando te das cuenta que volverás a hacerlo. No sabes lo duro que es sentirse impotente y no encontrar solución a una espiral oscura de la cual no logras salir, por mucho que lo anheles.
Decidí olvidarte, pero al minuto se me olvidó. Decidí odiarte, y al día siguiente, al verte, fue imposible mantener este sentimiento. Decidí desaparecer… pero no pude. Ahora me doy cuenta de que te he hecho daño, y lo siento… de verdad que lo siento.
También te he dejado un collar con un corazón. Tiene una llave y dentro, hay algo que tienes que ver. Siempre he querido ser importante para alguien, tanto como para que me lleven siempre consigo. Sé que para ti soy importante, aunque en el mal sentido de la palabra. De todos modos, no tengo otra que conformarme y aprovecharlo. Te conozco, y sé que no te lo quitarás de encima y, además, estoy seguro que cuando te pregunten por él, por quién te lo regaló, una leve sonrisa rozará tus labios y soltarás una frase del estilo “alguien importante”.
He sido egoísta, lo sé; pero no era yo, créeme. He dicho barbaridades sobre ti y sobre él, barbaridades que mi locura hacía que sintiera muy adentro. Te he fastidiado más de un año, y puede que haya provocado más de una discusión entre tú y los tuyos. Perdóname, o perdónale a él.
Se ha ido un rato, y no sé cuándo va a volver. Eso provoca mis reflexiones y llego a una simple conclusión: no quiero hacer más daño. Y ya no sólo por los demás, no solo por ti; incluso lo hago por mí. No puedo soportarlo más y, aunque tú te vayas, sé que tarde o temprano habría otra, así que debo hacer algo. No puedo permitir martirizar a más gente, no puedo permitir martirizarme más. Me voy, me voy porqué no sé cuándo volverá, porqué sé y comprendo que tu nunca estarás (aunque nunca te hayas ido), y yo no puedo vivir siendo otro.
Me despido de ti, de los demás ya te encargarás tu. Sé que sabrás qué decirles.
Llévame siempre contigo, yo te llevo conmigo.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada