28 de març del 2011

Historias sin acabar

Creía fervientemente en aquella frase que escuchó una vez: "los finales felices son historias sin acabar". Es por este motivo que dejaba siempre sus historias colgando en alguna dimensión que, algún día, volvería a visitar... o no.

El eterno miedo a echar de menos le impedía tomar ese tipo de decisiones. Poner puntos y finales, e incluso le suponía un esfuerzo poner puntos y a parte.

No quería echar de menos dejarse ir de la mano en cada farola por no ponerse de acuerdo al elegir el camino, o que él la ahogara al intentar quitarle la bufanda para poder hacer suyo su cuello. No quería echar en falta estirarse en su cama para fundirse en un abrazo, ni los besos por las mañanas. No, no quería tener que sufrir la ausencia de sus mimos, de los almuerzos por las mañanas, de los mensajes o de su sonrisa... aquella que sólo había visto cuando estaban a solas.

Era egoísta y ella lo sabía; necesitaba ausentarse, dejarle por un tiempo, ser libre y no depender de él. Necesitaba estar sola, hacer las cosas sin tener que tenerle en cuenta, tomar decisiones y no tener que consultar. Lo necesitaba en el mismo grado que no lo quería, porqué le quería a él.