Los sentimientos fluyen, las emociones chocan al estar concentradas dentro de un espacio tan diminuto como el corazón. El esfuerzo se vuelve agotador, cuesta mantener todo esto dentro mío sintiendo que en cada latido puede explotar. Es difícil mantener la irracionalidad al margen, no dejar que invada tu mente, igual que lo ha hecho con el corazón, y que todo tienda al caos.
Contrariedades, polos opuestos que, a la vez, forman parte del mismo bando.
Tengo ganas de querer, de demostrar. Quiero que aquellos que lo merecen, se sientan importantes y especiales, y pienso luchar por ello. Habitan en mi la ilusión, la energía… tanta como para no dormir en tres días, comprando regalos al amor, y dándoselos a los merecedores de éste. Se apoderan de mi la pasión, el deseo y la lujuria, y las ganas de vivir están presentes en cada segundo. Me siento al límite, estoy en éxtasi, el corazón me bombardea sangre a todo gas, mi estómago siente un cosquilleo que me pone los pelos de punta, y hace que mi cuerpo se estremezca. Estoy en el límite cuando, de repente, no puedo más. Exploto. Se desvanecen las emociones, los sentimientos, las ganas, el deseo… se difuminan el amor y la alegría. Me vuelvo apática, indiferente, ausente… Estoy en la exageración de la normalidad, de la neutralidad, de la nada. Ya no siento, ya no disfruto, ya no sufro… ya no vivo.
14 d’agost del 2010
5 d’agost del 2010
Basta de imágenes

Cerrar los ojos y dejar paso a lo demás. Estoy harta de ver; quiero notar, quiero sentir, quiero vivirlo y que el recuerdo no sea una imagen.
Su piel, su barriguita…, ese lunar debajo de la mandíbula que parece gritar “bésame!” cada vez que me percato de su presencia. Su cuerpo, su constitución, su cara recién afeitada de la cuál mi piel no puede separarse. Sus abrazos, la manera con la que sus brazos me rodean, envolviendo así mi corazón. Esos... “mío/a”, que sólo él y yo logramos entender sin malinterpretar.
Su boca, sus labios; el sabor de sus besos las mañanas de exámenes, ese café cargado de energía que me despierta incluso a mí. Todos los detalles alimenticios, las golosinas compartidas, los mordiscos pegados…
Su voz, penetrante, contundente. A veces puede confundirse con lo desagradable, eso es culpa del volumen. La vibración de las cuerdas vocales debe ser suave, deslizante… Es entonces cuando llega a mis oídos acariciando el tímpano, el celebro, y el corazón. Sus susurros, sus palabras de corazón, la voz que emite en medio de los abrazos, la manera de convertir sus más sinceros pensamientos en palabras, haciendo que no se quede sólo en eso.
Su olor... me desquicia, me enloquece, me inspira y me mata. Me invade y me absorbe, me hipnotiza, me posee y me atrae. Me atrae de tal manera, que es imposible separarme de él. Es imán y yo soy el polo opuesto. Las fuerzas de atracción son máximas, por su piel, por sus labios, por su voz, por su olor.
Y es eso lo que quiero recordar, no sólo su rostro… quiero acordarme de lo que provoca su presencia en mí, de su esencia, de él y lo que ha conllevado en mi vida.
31 de juliol del 2010
Y cuando llega, lo dejo pasar
Siento su corazón, su piel, sus dedos recorriéndome el cuerpo. Siento lo prohibido muy cerca, tanto que me nubla la razón, y no reacciono. Lo toco con la yema de los dedos, rozo aquello tan esperado... está a mi alcance, pero no debo, no puedo; aunque puede que quiera.
Al mismo tiempo que el reloj avanza, aumenta la velocidad del "tic-tac" de nuestros corazones y, junto a ello, las respiraciones se notan en las pieles, en los oídos. El ir y venir del aire choca directamente con mi cara, y huelo su aliento, le respiro y le interiorizo. El ambiente se humedece; de cálido y tierno a caliente y pasional. Sus peticiones son tentaciones para mí, el demonio personalizado, aquello que quiero y no puedo.
Los esfuerzos son enormes. Detener su mano cuando va a tocar un sitio que no quiero impedirle, tener incluso que forrajear porqué su decisión está tomada… tener que parar mi mano cuando él la lleva dónde quiere… Más que esfuerzo, eso es inhumano. “Quítate la camiseta”, “ponte de espaldas”, “dame un beso”; reproduce todo aquello que mi cuerpo me pide, todo aquello que mi mente niega, lo mismo que mi corazón hace tiempo que espera.
Nuestros labios se reencuentran. Mi consciencia no les puede dar permiso para fundirse en un beso, pero mi corazón no puede impedir que contacten. No puedo evitar contactar con sus labios, con su piel, con él.
Le tengo encima, atacando a mis puntos más débiles, besándome dónde más me gusta, mordiéndome sutilmente para hacer que mi cuerpo se estremezca. Su cadera está adaptando el movimiento que le hubiera gustado hacer sin muros de tela, fundiéndose conmigo…; y a mí, todo esto me supera.
No debo, ya sé que no debo, pero soy humana. La sangre fluye por mis venas y calienta mi cuerpo. Las sábanas hace rato que han desaparecido. Le noto más que nunca, esta es la vez que mas le he y me ha abrazado, que nuestras pieles han tenido más superficie en contacto, que estamos en una cama, pudiendo hacer lo que nos apetezca.
“No puedo, lo siento”. Sale de mi boca casi sin querer, bajito, para intentar que no lo oiga, para quedarme tranquila y poder decir que yo he dicho que no. Maldigo que esta no sea la manera, maldigo que acabe de salir de su boca que no está enamorado de mí, que sólo tiene un buen recuerdo.
De repente me invade una sensación de “don nadie”. Nunca he podido sentirme una más. Sé que si lo hago, se quedará aquí (de hecho, así me lo ha dicho él mismo). Sé que si cedo, seré como las demás. Sé que no quiero que sea aquí, con ella al lado, con estas condiciones, sabiendo lo que sé.
Le comunico que así no se hacen las cosas, que hoy no puedo, que los remordimientos me comerían hasta acabar conmigo. Se abrió el diálogo:
* Y quina és la manera?
- John, sempre he pensat que ens arribarà el moment.
* Potser el moment és aquest. Deixa de pensar ya, tia plasta.
- No, John…
* Amy, el moment és aquest. Potser si no és ara, no serà mai; tu decideixes.
- Avui no, no és la manera…
* Pensa que si no ho fas, te n’arrepentiràs.
- … potser, però sé que així no puc.
* Tu mateixa. Recorda aquest dia: 28 de juliol de 2010 (6:32 del matí), el recordaràs pensant que tan de bò ho haguessis fet. Bona nit, Amy.
Le maldigo por esta conversación. Decido sentarme porqué estirada no me salen las lágrimas, y la impotencia me llena. No funciona. Pienso si casi 4 años se acaban así, de golpe, en una noche. Reflexiono y me doy cuenta que me ha forzado, que estoy orgullosa por haber dicho que no, por haberme opuesto a aquello que más quería, por haber sabido que era lo correcto y haberme negado el placer más puro y sincero. ¿Me alegro? De un modo u otro, supongo…
Punto muerto. Mi cerebro no puede más, mi corazón esta sobresaturado y él, sigue a mi lado, dándome la espalda. No reacciono, no entra en mi cabeza todo lo sucedido. Me estiro, le doy un beso en el brazo, ya que me da la espalda, y se la doy yo también. “*Y tu, m’estimes? - Massa”.
Intento dormir. Entre las siete y media y las nueve estoy entre sudores, fríos, apretujones y mocos. A las nueve me levanto y me doy cuenta de que él no está, se ha ido. ¿Será eso una metáfora? Voy al baño y me vacío por dentro. Vuelvo a la cama. Sigue sin aparecer. Un nudo en la barriga, o un cosquilleo, puede que un hormigueo… sea lo que sea, no me deja estar tranquila. Tengo la sensación que he dejado escapar en dos horas aquello que siempre he esperado, aunque sé que ha aparecido en el momento inoportuno, eso no me consuela. ¿Estará enfadado? ¿Hará como si nada hubiera ocurrido? Le recuerdo a él, encima mío, hace un par de horas… pagaría para volver a pasar esas dos horas entre caricias y sábanas, envuelta en su piel, alimentándome de su respiración, sintiendo sus besos… Lo he esperado, sin repetírmelo cada día en estos casi cuatro años, lo he esperado todos ellos. Y cuando llega, lo dejo pasar, “no es el momento, ni la manera”.
Al mismo tiempo que el reloj avanza, aumenta la velocidad del "tic-tac" de nuestros corazones y, junto a ello, las respiraciones se notan en las pieles, en los oídos. El ir y venir del aire choca directamente con mi cara, y huelo su aliento, le respiro y le interiorizo. El ambiente se humedece; de cálido y tierno a caliente y pasional. Sus peticiones son tentaciones para mí, el demonio personalizado, aquello que quiero y no puedo.
Los esfuerzos son enormes. Detener su mano cuando va a tocar un sitio que no quiero impedirle, tener incluso que forrajear porqué su decisión está tomada… tener que parar mi mano cuando él la lleva dónde quiere… Más que esfuerzo, eso es inhumano. “Quítate la camiseta”, “ponte de espaldas”, “dame un beso”; reproduce todo aquello que mi cuerpo me pide, todo aquello que mi mente niega, lo mismo que mi corazón hace tiempo que espera.
Nuestros labios se reencuentran. Mi consciencia no les puede dar permiso para fundirse en un beso, pero mi corazón no puede impedir que contacten. No puedo evitar contactar con sus labios, con su piel, con él.
Le tengo encima, atacando a mis puntos más débiles, besándome dónde más me gusta, mordiéndome sutilmente para hacer que mi cuerpo se estremezca. Su cadera está adaptando el movimiento que le hubiera gustado hacer sin muros de tela, fundiéndose conmigo…; y a mí, todo esto me supera.
No debo, ya sé que no debo, pero soy humana. La sangre fluye por mis venas y calienta mi cuerpo. Las sábanas hace rato que han desaparecido. Le noto más que nunca, esta es la vez que mas le he y me ha abrazado, que nuestras pieles han tenido más superficie en contacto, que estamos en una cama, pudiendo hacer lo que nos apetezca.
“No puedo, lo siento”. Sale de mi boca casi sin querer, bajito, para intentar que no lo oiga, para quedarme tranquila y poder decir que yo he dicho que no. Maldigo que esta no sea la manera, maldigo que acabe de salir de su boca que no está enamorado de mí, que sólo tiene un buen recuerdo.
De repente me invade una sensación de “don nadie”. Nunca he podido sentirme una más. Sé que si lo hago, se quedará aquí (de hecho, así me lo ha dicho él mismo). Sé que si cedo, seré como las demás. Sé que no quiero que sea aquí, con ella al lado, con estas condiciones, sabiendo lo que sé.
Le comunico que así no se hacen las cosas, que hoy no puedo, que los remordimientos me comerían hasta acabar conmigo. Se abrió el diálogo:
* Y quina és la manera?
- John, sempre he pensat que ens arribarà el moment.
* Potser el moment és aquest. Deixa de pensar ya, tia plasta.
- No, John…
* Amy, el moment és aquest. Potser si no és ara, no serà mai; tu decideixes.
- Avui no, no és la manera…
* Pensa que si no ho fas, te n’arrepentiràs.
- … potser, però sé que així no puc.
* Tu mateixa. Recorda aquest dia: 28 de juliol de 2010 (6:32 del matí), el recordaràs pensant que tan de bò ho haguessis fet. Bona nit, Amy.
Le maldigo por esta conversación. Decido sentarme porqué estirada no me salen las lágrimas, y la impotencia me llena. No funciona. Pienso si casi 4 años se acaban así, de golpe, en una noche. Reflexiono y me doy cuenta que me ha forzado, que estoy orgullosa por haber dicho que no, por haberme opuesto a aquello que más quería, por haber sabido que era lo correcto y haberme negado el placer más puro y sincero. ¿Me alegro? De un modo u otro, supongo…
Punto muerto. Mi cerebro no puede más, mi corazón esta sobresaturado y él, sigue a mi lado, dándome la espalda. No reacciono, no entra en mi cabeza todo lo sucedido. Me estiro, le doy un beso en el brazo, ya que me da la espalda, y se la doy yo también. “*Y tu, m’estimes? - Massa”.
Intento dormir. Entre las siete y media y las nueve estoy entre sudores, fríos, apretujones y mocos. A las nueve me levanto y me doy cuenta de que él no está, se ha ido. ¿Será eso una metáfora? Voy al baño y me vacío por dentro. Vuelvo a la cama. Sigue sin aparecer. Un nudo en la barriga, o un cosquilleo, puede que un hormigueo… sea lo que sea, no me deja estar tranquila. Tengo la sensación que he dejado escapar en dos horas aquello que siempre he esperado, aunque sé que ha aparecido en el momento inoportuno, eso no me consuela. ¿Estará enfadado? ¿Hará como si nada hubiera ocurrido? Le recuerdo a él, encima mío, hace un par de horas… pagaría para volver a pasar esas dos horas entre caricias y sábanas, envuelta en su piel, alimentándome de su respiración, sintiendo sus besos… Lo he esperado, sin repetírmelo cada día en estos casi cuatro años, lo he esperado todos ellos. Y cuando llega, lo dejo pasar, “no es el momento, ni la manera”.
20 de juliol del 2010
Lógica
Me quiere. Tiene que quererme... es lo lógico.
Ella es especial, diferente. No es como esas que salen de fiesta vestidas con faldas-cinturones, con vestidos-camisetas o camisetas casi inexistentes por su poca superficie y su transparencia. No se pone 4 quilos de pote porque (a parte de que no los necesita) es consciente de cómo es, y lo mejor es que se acepta. Yo, como ella, visto como A MI me gusta, no maquillo mi imagen en absoluto para gustar a los demás, ni si quiera me labo la cara por las mañanas, me acepto como soy.
Sus ideales son algo que me atrae y me cautiva. Defiende siempre aquello en lo que cree, aunque no siempre sea lo que piensa la mayoria; eso la hace diferente. Yo, como ella, defiendo lo que pienso. Sé que puede salirse de lo habitual, que mis creencias e ideales no son compartidos por la mayoría de la juventud, pero qué pasa si soy diferente? no voy a cambiar porqué a nadie le gusten.
Dicen que las palabras son sonidos que se lleva el viento. Éso es lo que más me sorprende... que sus palabras quedan corroboradas con hechos. No va a las discotecas (bueno, me confesó que una vez alquilaron una, pero era a puerta cerrada), no sale PARA emborracharse ni fuma, dice que es como ponerle las cosas fáciles al contrincante. Yo, como ella, tampoco salgo nunca de fiesta, no quiero ser una obejita más en la manada. Ni fumo..., odio la gente que fuma por sentirse mayor, o incluso superior.
La quiero, la quiero y pienso en ella en cada segundo, en que quiero que sea mía... sé que ningún adolescente de pacotilla podría hacerla feliz como yo. Ella es diferente, y un joven que se emborracha, o que fuma, o que sale, o que se depila, o que se peina como todos... no la puede entender, no puede hacerla tan feliz. Como habéis visto, ella es como yo, y como soy yo quién comparte cosas con ella... Deduzco que mie quiere. Tiene que quererme... es lo lógico.
Ella es especial, diferente. No es como esas que salen de fiesta vestidas con faldas-cinturones, con vestidos-camisetas o camisetas casi inexistentes por su poca superficie y su transparencia. No se pone 4 quilos de pote porque (a parte de que no los necesita) es consciente de cómo es, y lo mejor es que se acepta. Yo, como ella, visto como A MI me gusta, no maquillo mi imagen en absoluto para gustar a los demás, ni si quiera me labo la cara por las mañanas, me acepto como soy.
Sus ideales son algo que me atrae y me cautiva. Defiende siempre aquello en lo que cree, aunque no siempre sea lo que piensa la mayoria; eso la hace diferente. Yo, como ella, defiendo lo que pienso. Sé que puede salirse de lo habitual, que mis creencias e ideales no son compartidos por la mayoría de la juventud, pero qué pasa si soy diferente? no voy a cambiar porqué a nadie le gusten.
Dicen que las palabras son sonidos que se lleva el viento. Éso es lo que más me sorprende... que sus palabras quedan corroboradas con hechos. No va a las discotecas (bueno, me confesó que una vez alquilaron una, pero era a puerta cerrada), no sale PARA emborracharse ni fuma, dice que es como ponerle las cosas fáciles al contrincante. Yo, como ella, tampoco salgo nunca de fiesta, no quiero ser una obejita más en la manada. Ni fumo..., odio la gente que fuma por sentirse mayor, o incluso superior.
La quiero, la quiero y pienso en ella en cada segundo, en que quiero que sea mía... sé que ningún adolescente de pacotilla podría hacerla feliz como yo. Ella es diferente, y un joven que se emborracha, o que fuma, o que sale, o que se depila, o que se peina como todos... no la puede entender, no puede hacerla tan feliz. Como habéis visto, ella es como yo, y como soy yo quién comparte cosas con ella... Deduzco que mie quiere. Tiene que quererme... es lo lógico.
18 de juliol del 2010
Confiar
De innocente a boba hay un paso. Un paso tan diminuto que lo doy a menudo sin darme cuenta. Siempre digo que no confío en la gente, que elijo con lupa para escojer a la personas que van a tener ese privilegio; me engaño.
Confiar no sólo significa contar tus intimidades, explicar tus secretos, abrirte a alguien, confiándole así tu propia esencia. No... confiar abarca mucho más. Confiar en lo que te cuentan, confiar en los conductores, esperando que ningún coche se pase el semáforo en rojo, confiar en que el piloto del avión que hemos escojido no es un terrorista suicida. Confiamos en la gente sin darnos cuenta, e incluso lo hacemos con aquellos que no conocemos. Confiamos en el cartero, ya que creemos (sin más seguridad que la buena fe) que nos entregará todas las cartas que nos pertocan. Si me apuráis, puedo deciros que incluso confiamos en miles de personas: aquellos que fabrican cada parte de nuestros coches, aquellos que diseñan y construyen nuestras casas, aquellos que nos venden la comida... Confiamos en todos, depositamos en ellos la esperanza, la fe, la confianza.
En cambio, nos cuesta confiar en aquellos que nos rodean. Confiamos con miles de personas sin ni siquiera saber quiénes son, sin haberles oído ni visto nunca y, en cambio, aquellos con los que hablamos, con quién nos reímos, con quién compartimos miles de cosas... a éstos les damos nuestra confianza en cuentagotas.
Lo lógico sería que yo ahora os dijiera que esto es ilógico, que deberíamos confiar en todo el mundo, pues es el camino que esta cojiendo mi relato. Ahora es el momento del giro, dónde deshago todo lo hecho y parece que me esté contradiciendo. Este es el punto dónde os digo que hacemos bién, y que hay un motivo por ello. Los que nos rodean son quiénes más daño pueden hacernos. Los más queridos son los que pueden utilizar nuestra confianza en nuestra contra; y cuanto más les demos, más dolor. Debemos escojer bien a quién le damos ése poder, debemos mirar con lupa y asegurarnos que no convertirán la esperanza, la ilusión, el apoyo y la fe, en un puñal.
"Laia, jo si tu em dius que et quedes, et crec"
En ése momento me pregunté: ¿Si ella me cree, porqué no debería hacerlo yo? ¿Porqué no debería CONFIAR en ella? La respuesta es sencilla: yo sé que cumplo con mi palabra, confío en mí; pero no puedo estar segura de que ella vaya a hacerlo. Y la esperanza se transforma en desilusión, el apoyo en decepción, y la fe en un puñal que, obviamente, no ha clavado por delante.
Confiar no sólo significa contar tus intimidades, explicar tus secretos, abrirte a alguien, confiándole así tu propia esencia. No... confiar abarca mucho más. Confiar en lo que te cuentan, confiar en los conductores, esperando que ningún coche se pase el semáforo en rojo, confiar en que el piloto del avión que hemos escojido no es un terrorista suicida. Confiamos en la gente sin darnos cuenta, e incluso lo hacemos con aquellos que no conocemos. Confiamos en el cartero, ya que creemos (sin más seguridad que la buena fe) que nos entregará todas las cartas que nos pertocan. Si me apuráis, puedo deciros que incluso confiamos en miles de personas: aquellos que fabrican cada parte de nuestros coches, aquellos que diseñan y construyen nuestras casas, aquellos que nos venden la comida... Confiamos en todos, depositamos en ellos la esperanza, la fe, la confianza.
En cambio, nos cuesta confiar en aquellos que nos rodean. Confiamos con miles de personas sin ni siquiera saber quiénes son, sin haberles oído ni visto nunca y, en cambio, aquellos con los que hablamos, con quién nos reímos, con quién compartimos miles de cosas... a éstos les damos nuestra confianza en cuentagotas.
Lo lógico sería que yo ahora os dijiera que esto es ilógico, que deberíamos confiar en todo el mundo, pues es el camino que esta cojiendo mi relato. Ahora es el momento del giro, dónde deshago todo lo hecho y parece que me esté contradiciendo. Este es el punto dónde os digo que hacemos bién, y que hay un motivo por ello. Los que nos rodean son quiénes más daño pueden hacernos. Los más queridos son los que pueden utilizar nuestra confianza en nuestra contra; y cuanto más les demos, más dolor. Debemos escojer bien a quién le damos ése poder, debemos mirar con lupa y asegurarnos que no convertirán la esperanza, la ilusión, el apoyo y la fe, en un puñal.
"Laia, jo si tu em dius que et quedes, et crec"
En ése momento me pregunté: ¿Si ella me cree, porqué no debería hacerlo yo? ¿Porqué no debería CONFIAR en ella? La respuesta es sencilla: yo sé que cumplo con mi palabra, confío en mí; pero no puedo estar segura de que ella vaya a hacerlo. Y la esperanza se transforma en desilusión, el apoyo en decepción, y la fe en un puñal que, obviamente, no ha clavado por delante.
8 de juliol del 2010
Vuelvo con las palabras, hoy
Qué poder tienen, con qué fuerza impactan nuestras almas y dejan su huella bien marcada. De qué manera somos capaces de absorbirlas y adoptarlas, de confiar y creérnoslas.
Un día me prometí no caer una tercera vez con la piedra. Me convencí que jamás me creería una sola palabra que no estubiera corroborada y demostrada por hechos. "More than words", era lo que necesitaba para creer en algo o en alguien; y, como dice la canción, "más que palabras és todo lo que tendrías que hacer para que esto fuera real, entonces no tendrias que decirme que me quieres porqué yo ya lo sabría".
No es tan difícil, en vez de un "i love you", un abrazo eterno. Para sustituir los "i miss you", una llamada. Por evitar los "i'm sorry", corregir los errores. Por no mencionar los "i'll stand by you", simplemente estar aquí y ahora. A cambio de la orden "smile", una sonrisa espejo. Etcétera, etcétera y etcétera.
Las palabras son sobrevaloradas y, a la vez, infravaloradas. Sobrevaloradas por aquellos que no las infravaloran (entre los cuáles me incluyo). Infravaloradas para aquellos que no las valoran en absoluto, y las usan a la babalá . Hoy me he dado cuenta (otra vez), de la falta de significado de las palabras mencionadas. Hoy, otra vez, me doy cuenta del engaño, de lo vacías que estaban y de lo llenas que las he llegado a ver. Esta vez no voy a prometerme nada. Creer y confiar son dos actos que me cuesta hacer y hoy, por enésima vez, me he dado cuenta de que lo he hecho con la persona inadecuada.
Hechos, todo lo que necesito y lo único que a veces me falta.
Un día me prometí no caer una tercera vez con la piedra. Me convencí que jamás me creería una sola palabra que no estubiera corroborada y demostrada por hechos. "More than words", era lo que necesitaba para creer en algo o en alguien; y, como dice la canción, "más que palabras és todo lo que tendrías que hacer para que esto fuera real, entonces no tendrias que decirme que me quieres porqué yo ya lo sabría".
No es tan difícil, en vez de un "i love you", un abrazo eterno. Para sustituir los "i miss you", una llamada. Por evitar los "i'm sorry", corregir los errores. Por no mencionar los "i'll stand by you", simplemente estar aquí y ahora. A cambio de la orden "smile", una sonrisa espejo. Etcétera, etcétera y etcétera.
Las palabras son sobrevaloradas y, a la vez, infravaloradas. Sobrevaloradas por aquellos que no las infravaloran (entre los cuáles me incluyo). Infravaloradas para aquellos que no las valoran en absoluto, y las usan a la babalá . Hoy me he dado cuenta (otra vez), de la falta de significado de las palabras mencionadas. Hoy, otra vez, me doy cuenta del engaño, de lo vacías que estaban y de lo llenas que las he llegado a ver. Esta vez no voy a prometerme nada. Creer y confiar son dos actos que me cuesta hacer y hoy, por enésima vez, me he dado cuenta de que lo he hecho con la persona inadecuada.
Hechos, todo lo que necesito y lo único que a veces me falta.
30 de juny del 2010
Palabras.
"Claro a tí te de igual. Tu sigues siendo feliz en tu mundo feliz y no quieres que nadie interrumpa tu felizidad."
Palabras acusadoras, palabras que se han enganchado a flechas y se han prendido en llamas, para llegar al corazón y destrozarlo absolutamente todo. Palabras llenas de rabia, ira, decepción y desesperación. Para mí, a estas alturas, ya no son SÓLO palabras, son algo más que eso, aunque no se muy bién el qué.
Dicen que dos no se pelean si uno no quiere, igual que sólo ofende quién puede, no quién quiere. Hoy no puedo llebar a cabo aquél refran que dice: "a palabras necias oídos sordos"; hoy pienso en mi yo más débil, y no quiero que vuelva.
Palabras acusadoras, palabras que se han enganchado a flechas y se han prendido en llamas, para llegar al corazón y destrozarlo absolutamente todo. Palabras llenas de rabia, ira, decepción y desesperación. Para mí, a estas alturas, ya no son SÓLO palabras, son algo más que eso, aunque no se muy bién el qué.
Dicen que dos no se pelean si uno no quiere, igual que sólo ofende quién puede, no quién quiere. Hoy no puedo llebar a cabo aquél refran que dice: "a palabras necias oídos sordos"; hoy pienso en mi yo más débil, y no quiero que vuelva.
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