29 de novembre del 2011
26 de novembre del 2011
Transparente
Le encantaban las golosinas, el algodón de azúcar, el chocolate, las cocas, los chupa-cups, las piruletas, los pasteles, la leche condensada, el flam con nata... y un largo etcétera que parece no tener final. Era caprichosa y despreocupada por su físico, no tenía ningún miramiento a la hora de escoger el bollo más calórico, o la guarrada más grande. Disfrutaba cuando llegaba a casa y encontraba las golosinas nuevas de la tienda de al lado, o cuando en el sitio de su mesa veía su chocolate favorito: chocolate con leche y caramelo de milka. Uno de sus momentos favoritos era el de después de comer, a la hora de mirar su serie con un trozo de chocolate en la mano. Nunca se lo comía rápido, sostenía que la gracia de comerse el chocolate estaba al final, cuando se derretía entre sus dedos.
Se ilusionaba muchísimo con cada detalle. Y por detalle, ella entendía cualquier cosa: una sonrisa, un abrazo, una nota, un "buenos días", un "ayer pensé en ti cuando...", un piropo, un regalo... cualquier cosa es cualquier cosa, lo incluye todo. Era feliz al pensar que alguien, durante unos segundos, pensó en ella sin estar a su lado.
Amaba todo lo que hacía, y se enorgullecía de ello. Podía equivocarse, avergonzarse, fastidiar algo... pero siempre intentaba hacer las cosas bien, cosa que mantenía su consciencia tranquila aunque los resultados no fueran los esperados. Aun y tener claro todo eso, aunque una de sus máximas fuera "a lo hecho pecho" y con la cara bien alta, solía sentirse mal cuando las cosas no salían bien. Que no se arrepintiera nunca de lo que hacía era solo una estrategia para no recrearse en sus errores. Sentir orgullo por sí misma era una táctica de seguridad para poder tomar decisiones, fueran acertadas o no. Pero cuando alguien salía perjudicado en alguna situación, su corazón no podía evitar encogerse un poquito. Su calma y su paz interior a pesar de que las cosas se torcieran tenían una fácil explicación: sus eternas buenas intenciones.
No solía pensar mal de la gente, todo lo contrario. Acostumbraban a tomarle el pelo por su infinita ingenuidad, por su tendencia a pensar que todo el mundo es bueno. Sus errores se repetían incesablemente, y aunque fuera advertida ("piensa mal y acertarás", le decían), ella nunca creyó en esas palabras, aunque los hechos le demostraran su autenticidad.
Adoraba a los niños y su inocencia. Siempre pensó que esa es una edad que hay que disfrutar, que es una pena darse cuenta tan tarde de ello, aunque sea ley de vida. Su bipolaridad le fascinaba, como podían ser tan felices por una piruleta y al minuto, llorar como desesperados porqué sus madres no les dejan quedar cinco minutos más en el parque. Y lo que más le fascinaba era que lo vivían con una intensidad brutal. Ella creía que cualquier problema que tenga una persona es el peor que se puede tener, porqué así es como lo vive cada uno. De ese modo, ella le daba la misma importancia que un niño pequeño a no poder quedarse al parque.
Ella era alegre y todo lo feliz que podía a cada minuto, y no dejaba escapar ni un solo segundo, ni un solo detalle, haciendo lo que le apetecía y enorgulleciéndose de ello a cada momento; con toda la benevolencia del mundo, con toda la ingenuidad, inocencia y buenas intenciones posibles.
Aquél día no comió chocolate, ni golosinas, ni bollos. Iba por la calle sin fijarse en nada, todos los detalles pasaban por alto en su mundo a toda prisa. Le dio igual coger el teléfono que no hacerlo, y no buscó su propia decisión, dejó el teléfono en manos de otro para que se equivocara o acertara. La sonrisa de un niño no le afectó, y ver a un vagabundo salir solo de la tienda le hizo pensar lo peor. Aquél día no era gris, ni negro, ni blanco, ni ningún color... era transparente; un día no-vivido.
Se ilusionaba muchísimo con cada detalle. Y por detalle, ella entendía cualquier cosa: una sonrisa, un abrazo, una nota, un "buenos días", un "ayer pensé en ti cuando...", un piropo, un regalo... cualquier cosa es cualquier cosa, lo incluye todo. Era feliz al pensar que alguien, durante unos segundos, pensó en ella sin estar a su lado.
Amaba todo lo que hacía, y se enorgullecía de ello. Podía equivocarse, avergonzarse, fastidiar algo... pero siempre intentaba hacer las cosas bien, cosa que mantenía su consciencia tranquila aunque los resultados no fueran los esperados. Aun y tener claro todo eso, aunque una de sus máximas fuera "a lo hecho pecho" y con la cara bien alta, solía sentirse mal cuando las cosas no salían bien. Que no se arrepintiera nunca de lo que hacía era solo una estrategia para no recrearse en sus errores. Sentir orgullo por sí misma era una táctica de seguridad para poder tomar decisiones, fueran acertadas o no. Pero cuando alguien salía perjudicado en alguna situación, su corazón no podía evitar encogerse un poquito. Su calma y su paz interior a pesar de que las cosas se torcieran tenían una fácil explicación: sus eternas buenas intenciones.
No solía pensar mal de la gente, todo lo contrario. Acostumbraban a tomarle el pelo por su infinita ingenuidad, por su tendencia a pensar que todo el mundo es bueno. Sus errores se repetían incesablemente, y aunque fuera advertida ("piensa mal y acertarás", le decían), ella nunca creyó en esas palabras, aunque los hechos le demostraran su autenticidad.
Adoraba a los niños y su inocencia. Siempre pensó que esa es una edad que hay que disfrutar, que es una pena darse cuenta tan tarde de ello, aunque sea ley de vida. Su bipolaridad le fascinaba, como podían ser tan felices por una piruleta y al minuto, llorar como desesperados porqué sus madres no les dejan quedar cinco minutos más en el parque. Y lo que más le fascinaba era que lo vivían con una intensidad brutal. Ella creía que cualquier problema que tenga una persona es el peor que se puede tener, porqué así es como lo vive cada uno. De ese modo, ella le daba la misma importancia que un niño pequeño a no poder quedarse al parque.
Ella era alegre y todo lo feliz que podía a cada minuto, y no dejaba escapar ni un solo segundo, ni un solo detalle, haciendo lo que le apetecía y enorgulleciéndose de ello a cada momento; con toda la benevolencia del mundo, con toda la ingenuidad, inocencia y buenas intenciones posibles.
Aquél día no comió chocolate, ni golosinas, ni bollos. Iba por la calle sin fijarse en nada, todos los detalles pasaban por alto en su mundo a toda prisa. Le dio igual coger el teléfono que no hacerlo, y no buscó su propia decisión, dejó el teléfono en manos de otro para que se equivocara o acertara. La sonrisa de un niño no le afectó, y ver a un vagabundo salir solo de la tienda le hizo pensar lo peor. Aquél día no era gris, ni negro, ni blanco, ni ningún color... era transparente; un día no-vivido.
22 de novembre del 2011
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Hablar, contar, desahogarse. Quitar importancia a las cosas, ponérsela. Engañar con una sonrisa, mentir con palabras, que tus ojos te delaten. Gesticular, animar y, lo más importante, dar apoyo. Escuchar, entender, comprender. Sonreír, llorar, aplaudir. Discutir, enfadarse, reconciliarse. Acompañar, buscar, encontrar. Detalles, sorpresas, regalos. Fiestas, aniversarios, borracheras. Noches, días, tardes. Cafés, helados, cubatas, chupitos. Aquí, allí o más lejos. Vacaciones, examámenes, playa o montaña. Mensajes, llamadas, privados. Desilusiones, tonterías, meriendas. Sueños, ilusiones, planes.
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19 de novembre del 2011
14 de novembre del 2011
Gracias
No es sólo la sonrisa del niño que quería mi zumo esta mañana; ni que hoy haya oído un "t'estimo" dirigido a mi (aunque no fuera de corazón, ha pronunciado esas siete letras); tampoco es el hecho de poder ganar dos veces el mismo partido; ni si quiera me refiero al espectáculo de colores que habitaba el cielo esta mañana.
Hoy es por él y por ella. Dos personitas que si están, no siempre son valoradas, pero si faltan... si faltan seguir adelante es casi una pesadilla. Es por su paciencia, por su eterna comprensión, por querer todos y cada uno de mis defectos y aceptarlo, por no intentar cambiarme nunca, por entenderme y quererme. Es por los miles de errores que he cometido y han sido perdonados, por los detalles de ambos, por la dificultad del principio y la complicidad del final.
Hoy no estoy contenta, hay muchas cosas que no van bien en mi vida, pero estoy muy agradecida. Creo que ellos son dos pilares en mi vida actual muy importantes. Puede que no estén en un futuro, pero ahora están a mi lado y me soportan día a día, con mis inquietudes, mis debilidades, mis defectos y mis neuras. Hoy la diferencia es que me siento afortunada de tenerles conmigo porqué, aunque cada día lo agradezca y lo sepa, no se siente con la misma intensidad siempre. Hoy la diferencia es que sin hablar con ninguno de ellos, les siento conmigo y... esto es algo difícil de conseguir.
Hoy recuerdo algunas de las tantas sonrisas que me han regalado, algunos de los miles de momentos que hemos compartido, los pocos enfados que han existido y todos los abrazos que nos hemos hecho. Hoy me regalan una sonrisa por el simple hecho de existir, y siempre se merecerán mis mejores palabras. Creo que por mucho que las cosas acaben mal (cosa que ocurrirá con una probabilidad muy pequeña), los buenos momentos se quedan conmigo, y no son pocos.
Dos fotos que son dos momentos, hoy lo que siento es vuestra permanencia, vuestra paciencia, vuestro amor y apollo hacia mi.
En realidad... no es sólo que os esté agradecida, es que os quiero mucho, y hay veces que necesito que el mundo se de cuenta de ello.
Hoy es por él y por ella. Dos personitas que si están, no siempre son valoradas, pero si faltan... si faltan seguir adelante es casi una pesadilla. Es por su paciencia, por su eterna comprensión, por querer todos y cada uno de mis defectos y aceptarlo, por no intentar cambiarme nunca, por entenderme y quererme. Es por los miles de errores que he cometido y han sido perdonados, por los detalles de ambos, por la dificultad del principio y la complicidad del final.
Hoy no estoy contenta, hay muchas cosas que no van bien en mi vida, pero estoy muy agradecida. Creo que ellos son dos pilares en mi vida actual muy importantes. Puede que no estén en un futuro, pero ahora están a mi lado y me soportan día a día, con mis inquietudes, mis debilidades, mis defectos y mis neuras. Hoy la diferencia es que me siento afortunada de tenerles conmigo porqué, aunque cada día lo agradezca y lo sepa, no se siente con la misma intensidad siempre. Hoy la diferencia es que sin hablar con ninguno de ellos, les siento conmigo y... esto es algo difícil de conseguir.
Hoy recuerdo algunas de las tantas sonrisas que me han regalado, algunos de los miles de momentos que hemos compartido, los pocos enfados que han existido y todos los abrazos que nos hemos hecho. Hoy me regalan una sonrisa por el simple hecho de existir, y siempre se merecerán mis mejores palabras. Creo que por mucho que las cosas acaben mal (cosa que ocurrirá con una probabilidad muy pequeña), los buenos momentos se quedan conmigo, y no son pocos.
Dos fotos que son dos momentos, hoy lo que siento es vuestra permanencia, vuestra paciencia, vuestro amor y apollo hacia mi.
En realidad... no es sólo que os esté agradecida, es que os quiero mucho, y hay veces que necesito que el mundo se de cuenta de ello.
11 de novembre del 2011
Está en mi barriga
Hay preguntas que se hacen esperando una respuesta sincera, otras que simplemente se hacen por educación y otras porqué te ves obligado a ello. Creo que es fácil saber cuándo una pregunta espera respuesta, o cuando se lanza al aire sin querer ser dicha, o sin querer permanecer en la conversación. La pregunta que me crea más dudas, sin embargo, es la más pronunciada: "¿Qué tal estás?", "¿Va todo bien?", "¿Te ocurre algo?" y un etcétera enorme. Todas ellas acaban preguntando lo mismo: por ti, por tu estado de ánimo, por tu vida, por tus pensamientos y sentimientos.
Mi respuesta acostumbra a ser "Bien"; puede ser más o menos convencido, pero siempre bien. Sólo cuando veo una real intención de saber la respuesta, cuando tengo la confianza suficiente y cuando no sólo no estoy bien, sino que me encuentro realmente mal contesto un... "Bueno..". Al largo de la conversa, siempre se llega a otra pregunta "¿Cuál es el problema?". "No lo sé, está en mi barriga". Preguntaréis porqué... los problemas nunca están "en la barriga".
Cuando algo me preocupa de verdad; cuando hay algo que realmente es importante para mi y no está en una buena situación casi nunca se encuentra en mi cabeza. Los problemas verdaderos, o aquellos que no tienen solución los mando a la barriga. En mi cabeza sobresaturarían mi cerebro y me harían caer en las más profunda locura. Es por ello que dejo que se apoderen de mi estómago y hagan con él lo que quieran. No os penséis que es una buena solución; seguramente sea la peor, pero es la mía. De repente el hambre se va completamente. Un gusano enorme y feo hace que tengas un cosquilleo constante y la sensación de nerviosismo no cesa. Es como estar a punto de escapar de un depredador durante las 24 horas del día. Tienes el corazón preparado para latir a toda marcha para que la sangre llegue a todos los músculos, el sudor a flor de piel para que tu cuerpo no se caliente demasiado y todas tus células están listas para producir la energía necesaria para echar a correr. No es una sensación agradable.
Hoy no he podido con ella y, sin quererlo, el problema ha ido a los ojos. Hacía muchísimo tiempo que no lloraba tanto. He notado cómo el gusano grande y feo subía por mi cuerpo y, al mismo tiempo que se descomponía en agua salada, salía a chorros por mis ojos.
Yo no lloro. Nunca me ha gustado, siento que me hace débil (aunque sea consciente de que no tiene nada que ver) y lo evito a toda costa. Yo no lloro nunca delante de los demás, a parte de sentirme débil, me da la sensación que los demás se compadecen, y ven que realmente lo eres. Se que no eres más o menos fuerte por sacar agua por los ojos, pero hoy me he sentido vulnerable, incapaz. Hoy por primera vez he llorado queriendo hacerlo, porqué el gusano era demasiado grande y no tenía cabida en mi estómago. Hoy he sido débil y, por primera vez, me enorgullezco de ello. Soy humana, y no puedo siempre con todo.
Mi respuesta acostumbra a ser "Bien"; puede ser más o menos convencido, pero siempre bien. Sólo cuando veo una real intención de saber la respuesta, cuando tengo la confianza suficiente y cuando no sólo no estoy bien, sino que me encuentro realmente mal contesto un... "Bueno..". Al largo de la conversa, siempre se llega a otra pregunta "¿Cuál es el problema?". "No lo sé, está en mi barriga". Preguntaréis porqué... los problemas nunca están "en la barriga".
Cuando algo me preocupa de verdad; cuando hay algo que realmente es importante para mi y no está en una buena situación casi nunca se encuentra en mi cabeza. Los problemas verdaderos, o aquellos que no tienen solución los mando a la barriga. En mi cabeza sobresaturarían mi cerebro y me harían caer en las más profunda locura. Es por ello que dejo que se apoderen de mi estómago y hagan con él lo que quieran. No os penséis que es una buena solución; seguramente sea la peor, pero es la mía. De repente el hambre se va completamente. Un gusano enorme y feo hace que tengas un cosquilleo constante y la sensación de nerviosismo no cesa. Es como estar a punto de escapar de un depredador durante las 24 horas del día. Tienes el corazón preparado para latir a toda marcha para que la sangre llegue a todos los músculos, el sudor a flor de piel para que tu cuerpo no se caliente demasiado y todas tus células están listas para producir la energía necesaria para echar a correr. No es una sensación agradable.
Hoy no he podido con ella y, sin quererlo, el problema ha ido a los ojos. Hacía muchísimo tiempo que no lloraba tanto. He notado cómo el gusano grande y feo subía por mi cuerpo y, al mismo tiempo que se descomponía en agua salada, salía a chorros por mis ojos.
Yo no lloro. Nunca me ha gustado, siento que me hace débil (aunque sea consciente de que no tiene nada que ver) y lo evito a toda costa. Yo no lloro nunca delante de los demás, a parte de sentirme débil, me da la sensación que los demás se compadecen, y ven que realmente lo eres. Se que no eres más o menos fuerte por sacar agua por los ojos, pero hoy me he sentido vulnerable, incapaz. Hoy por primera vez he llorado queriendo hacerlo, porqué el gusano era demasiado grande y no tenía cabida en mi estómago. Hoy he sido débil y, por primera vez, me enorgullezco de ello. Soy humana, y no puedo siempre con todo.
10 de novembre del 2011
Mi razón no entiende tu corazón
No lo entiendo. No entiendo como pasas del amor al odio. No entiendo porqué me deseas lo peor, porqué quieres destrozar mi mundo, porqué quieres joder a los míos.
No te entiendo y me estoy cansando de intentarlo. Estoy agotada. ¿Sabes? Casi nunca ha salido una palabra mala de mi boca refiriéndose a ti, siempre he intentado ser imparcial, mirar la situación desde fuera, ser fría y buscar lo mejor para el conjunto. Pero esto me supera... mis amigos son sagrados, y cuando amenazas hacia ellos pierdes todo lo que pudieras tener a tu favor.
Me cuesta ver un final feliz en todo esto.
No te entiendo y me estoy cansando de intentarlo. Estoy agotada. ¿Sabes? Casi nunca ha salido una palabra mala de mi boca refiriéndose a ti, siempre he intentado ser imparcial, mirar la situación desde fuera, ser fría y buscar lo mejor para el conjunto. Pero esto me supera... mis amigos son sagrados, y cuando amenazas hacia ellos pierdes todo lo que pudieras tener a tu favor.
Me cuesta ver un final feliz en todo esto.
7 de novembre del 2011
Huele a gris
Apatía para que los nervios no se coman mi barriga. No es desilusión ni amargura, no es negro ni doloroso... es, nada; gris. Es un ir tirando que basta.
Levantarse, sin sueño, sin energía, gris. Ducharse sin saborear el olor del champú, sin disfrutar del agua caliente, sin notar el pelo mojado cuando me quito el albornoz. Tejanos neutros, ni oscuros ni claros, jersey gris. Un café que, aunque no me guste, trago; no me despierta, aunque tampoco estaba dormida; no me da energía, aunque tampoco parece que la necesite. Salgo de casa y ni si quiera me afecta que aún no haya salido el Sol. Subo al metro y la tarjeta no funciona. Pido que me la cambien,miro el reloj, llego tarde. 20 paradas de metro de las cuales suelo hacer 5 de pie y 15 sentada, hoy en cambio, me he sentado a la 15. Dolor de pies, al salir de casa no he encontrado las bambas que contenían las plantillas y, aunque mis pies jovenzuelos no lo aparenten, les cuesta aguantar 15 paradas con sus respectivos frenazos. Llego a la Universidad y necesito imprimir las clases de bioestadística si no quiero estar dos horas con la mirada perdida; la impresora no funciona. Llego a clase, última fila. Tres horas de atención y apuntes. No llueve, no hace sol, el cielo está gris. No me duermo, no me interesa. Estoy, y hago algo, aunque sólo sea perder el tiempo, pero algo.
No estoy negativa, no desaprovecho el tiempo, no me deprimo, no sufro, no lloro, no estoy nerviosa (o eso intento), no sonrío, no me alegro, no estoy positiva ni tranquila. Estoy. Gris. Normal. Neutro. El tiempo pasa, y yo estoy en este mundo. El mundo existe y yo en él. Hago cosas. Hablo sin decir, miro sin observar, oigo sin escuchar, como sin degustar, huelo a gris.
Sentir que esquivo. Que algo viene y lo evito. Que no lo consigo y choca contra mi cuerpo pero lo impermeabilizo y no entra, resbala. Sea lo que sea me quita lo que tenía, pero no introduce nada malo. El resultado es... gris, por enésima vez.
Levantarse, sin sueño, sin energía, gris. Ducharse sin saborear el olor del champú, sin disfrutar del agua caliente, sin notar el pelo mojado cuando me quito el albornoz. Tejanos neutros, ni oscuros ni claros, jersey gris. Un café que, aunque no me guste, trago; no me despierta, aunque tampoco estaba dormida; no me da energía, aunque tampoco parece que la necesite. Salgo de casa y ni si quiera me afecta que aún no haya salido el Sol. Subo al metro y la tarjeta no funciona. Pido que me la cambien,miro el reloj, llego tarde. 20 paradas de metro de las cuales suelo hacer 5 de pie y 15 sentada, hoy en cambio, me he sentado a la 15. Dolor de pies, al salir de casa no he encontrado las bambas que contenían las plantillas y, aunque mis pies jovenzuelos no lo aparenten, les cuesta aguantar 15 paradas con sus respectivos frenazos. Llego a la Universidad y necesito imprimir las clases de bioestadística si no quiero estar dos horas con la mirada perdida; la impresora no funciona. Llego a clase, última fila. Tres horas de atención y apuntes. No llueve, no hace sol, el cielo está gris. No me duermo, no me interesa. Estoy, y hago algo, aunque sólo sea perder el tiempo, pero algo.
No estoy negativa, no desaprovecho el tiempo, no me deprimo, no sufro, no lloro, no estoy nerviosa (o eso intento), no sonrío, no me alegro, no estoy positiva ni tranquila. Estoy. Gris. Normal. Neutro. El tiempo pasa, y yo estoy en este mundo. El mundo existe y yo en él. Hago cosas. Hablo sin decir, miro sin observar, oigo sin escuchar, como sin degustar, huelo a gris.
Sentir que esquivo. Que algo viene y lo evito. Que no lo consigo y choca contra mi cuerpo pero lo impermeabilizo y no entra, resbala. Sea lo que sea me quita lo que tenía, pero no introduce nada malo. El resultado es... gris, por enésima vez.
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