11 de novembre del 2011

Está en mi barriga

Hay preguntas que se hacen esperando una respuesta sincera, otras que simplemente se hacen por educación y otras porqué te ves obligado a ello. Creo que es fácil saber cuándo una pregunta espera respuesta, o cuando se lanza al aire sin querer ser dicha, o sin querer permanecer en la conversación. La pregunta que me crea más dudas, sin embargo, es la más pronunciada: "¿Qué tal estás?", "¿Va todo bien?", "¿Te ocurre algo?" y un etcétera enorme. Todas ellas acaban preguntando lo mismo: por ti, por tu estado de ánimo, por tu vida, por tus pensamientos y sentimientos.

Mi respuesta acostumbra a ser "Bien"; puede ser más o menos convencido, pero siempre bien. Sólo cuando veo una real intención de saber la respuesta, cuando tengo la confianza suficiente y cuando no sólo no estoy bien, sino que me encuentro realmente mal contesto un... "Bueno..". Al largo de la conversa, siempre se llega a otra pregunta "¿Cuál es el problema?". "No lo sé, está en mi barriga". Preguntaréis porqué... los problemas nunca están "en la barriga".

Cuando algo me preocupa de verdad; cuando hay algo que realmente es importante para mi y no está en una buena situación casi nunca se encuentra en mi cabeza. Los problemas verdaderos, o aquellos que no tienen solución los mando a la barriga. En mi cabeza sobresaturarían mi cerebro y me harían caer en las más profunda locura. Es por ello que dejo que se apoderen de mi estómago y hagan con él lo que quieran. No os penséis que es una buena solución; seguramente sea la peor, pero es la mía. De repente el hambre se va completamente. Un gusano enorme y feo hace que tengas un cosquilleo constante y la sensación de nerviosismo no cesa. Es como estar a punto de escapar de un depredador durante las 24 horas del día. Tienes el corazón preparado para latir a toda marcha para que la sangre llegue a todos los músculos, el sudor a flor de piel para que tu cuerpo no se caliente demasiado y todas tus células están listas para producir la energía necesaria para echar a correr. No es una sensación agradable.

Hoy no he podido con ella y, sin quererlo, el problema ha ido a los ojos. Hacía muchísimo tiempo que no lloraba tanto. He notado cómo el gusano grande y feo subía por mi cuerpo y, al mismo tiempo que se descomponía en agua salada, salía a chorros por mis ojos.

Yo no lloro. Nunca me ha gustado, siento que me hace débil (aunque sea consciente de que no tiene nada que ver) y lo evito a toda costa. Yo no lloro nunca delante de los demás, a parte de sentirme débil, me da la sensación que los demás se compadecen, y ven que realmente lo eres. Se que no eres más o menos fuerte por sacar agua por los ojos, pero hoy me he sentido vulnerable, incapaz. Hoy por primera vez he llorado queriendo hacerlo, porqué el gusano era demasiado grande y no tenía cabida en mi estómago. Hoy he sido débil y, por primera vez, me enorgullezco de ello. Soy humana, y no puedo siempre con todo.

1 comentari:

Neus ha dit...

Estoy orgullosa de que llores. Es necesario y útil. Limpia por dentro, baja las defensas, agota y al final nos deja ser nosotros, sin armadura.
Es como todo... Llora un rato, está permitido, pero luego arriba. A seguir con más fuerza que antes.

I si no la trobes, saps que pots contar amb la meva. Sempre. Només ho has de dir.