28 de març del 2011

Historias sin acabar

Creía fervientemente en aquella frase que escuchó una vez: "los finales felices son historias sin acabar". Es por este motivo que dejaba siempre sus historias colgando en alguna dimensión que, algún día, volvería a visitar... o no.

El eterno miedo a echar de menos le impedía tomar ese tipo de decisiones. Poner puntos y finales, e incluso le suponía un esfuerzo poner puntos y a parte.

No quería echar de menos dejarse ir de la mano en cada farola por no ponerse de acuerdo al elegir el camino, o que él la ahogara al intentar quitarle la bufanda para poder hacer suyo su cuello. No quería echar en falta estirarse en su cama para fundirse en un abrazo, ni los besos por las mañanas. No, no quería tener que sufrir la ausencia de sus mimos, de los almuerzos por las mañanas, de los mensajes o de su sonrisa... aquella que sólo había visto cuando estaban a solas.

Era egoísta y ella lo sabía; necesitaba ausentarse, dejarle por un tiempo, ser libre y no depender de él. Necesitaba estar sola, hacer las cosas sin tener que tenerle en cuenta, tomar decisiones y no tener que consultar. Lo necesitaba en el mismo grado que no lo quería, porqué le quería a él.

21 de març del 2011

Querer no siempre es poder...

"Tranquila que me olvido de tí.

15 de maig de 2010 13:51"

Puede que, en realidad, no lo hayas deseado con demasiada fuerza; puede que, en el fondo, nunca lo hayas deseado, ni si quiera un poco.

4 de març del 2011

Eres amor constante

Eres amor constante. Aquella vela apagada que sigue protegiéndome del frío. Aquél amor que nunca tuve y siempre quise, aquél que el miedo, la inocencia y la sensatez no me dejaron disfrutar del todo, aquél que rocé con la punta de los dedos, que tuve en mis manos y dejé escapar. Eres todo lo que quise: ternura, sonrisas y un niño cuando lo necesito; madurez, inteligencia y razón cuando me conviene; pasión, sentimiento y corazón, siempre.
No quisimos entregarnos. No arriesgamos y perdimos, nos perdimos. Aquella parte de mí sigue viva en algún lugar del universo. Puede que esté en ti, en cada uno de tus latidos. Puede que sean éstos los que la mantengan viva y cuando el tic-tac de tu corazón deje de sonar, esa parte de mí morirá, un pedacito de mi alma se irá contigo.
No quise parar de quererte nunca. Aprendí a vivir contigo, convenciéndome de que lo que dijimos seguía siendo cierto. Me convencí de que si el 2c1m (es decir, nuestro amor) era mutuo, siempre me querrías de una forma especial; nunca como una amiga, jamás como una novia… lo nuestro es diferente. Las etiquetas no sirven, las palabras no alcanzan el nivel, no expresan lo que llegamos a sentir, no dicen lo que queremos contar.
No te engaño si te digo que eres el hombre que más he querido. Puede que no siempre sea así, pero si que serás siempre aquella historia especial, perfecta dentro de su imperfección. Mi cabeza no se explica lo que he llegado a sentir, incluso mi corazón, a veces, duda. Pero no me miento, sé que es tan cierto como que tú y yo estamos vivos, y que sólo cuando una de las dos premisas deje de ser verdadera, dejará de serlo la otra. Dicen que los finales felices son historias sin acabar, puede que sea por ello que la nuestra aún sea feliz.
Mi mirada es de fuego y mi cuerpo de cera. Por eso nuestros cuerpos insisten en permanecer separados, tienen miedo a fundirse en uno y dejar de ser solos, para ser juntos. Eres la cadena invisible que me ata a la vida, aquella que usaré siempre para reconstruir mi corazón cuando caiga en pedacitos. Eres la manera de seguir creyendo en el amor.
Y lo peor de todo esto (o lo mejor), es que mi cordura también te quiere, te acepta y te respeta. Que quiero cada uno de tus defectos tal como son, y que no intento cambiarlos. Una vez me dijiste que nadie puede cambiar la manera de ser de alguien, que sólo puede mejorarla. Yo sólo quiero que la compartas conmigo.
No te idolatro, te admiro; no te adoro, te respeto; no te deseo, te quiero. O puede que lo haga todo a la vez. Eres amor constante, con todo lo que esto conlleva.