3 de desembre del 2011

Tranquilidad

Me apetece una charla eterna. Un bar, un sofá, un lugar cálido que se adapte a mi momento; poco ruido, luz tenue, buen rollo. Un cacaolat caliente, los pies en la silla y contacto físico. Leves sonrisas que no acaben, un silencio permanente que acompañe nuestras palabras. Hablar diciendo, oír escuchando. Interés, respeto y desacuerdo, si no no tiene gracia.

Me apetece calidez, sentirme arropada por alguien esta noche, y no hablo de sueños ni camas, me refiero a compañía despierta, a una conversación agradable, suave, deslizante. Siento que hoy me apetecería sacar corazas, hablar un poco de tú a tú; de "nada en especial y todo en general". No quiero carcajadas, no me apetecen. No busco sentimientos a flor de piel, busco paz, tranquilidad, descanso. Busco unos ojos que no me incomoden, una caricia que me abrace, una voz que deslice, una vela que, aunque no ilumine, no se apague. Un momento único, de serenidad y razón; de discusiones y argumentaciones de ideales y principios, de tonterías poco estúpidas.

Quiero, me apetece y sería feliz en algún lugar del mundo con alguien, simplemente, con ganas de tener una charla interesante y poco trascendental.