1 de maig del 2011

límites, rayas, fronteras.

Eres metódico. Sabes qué decir, qué hacer... qué estrategia utilizar en cada momento para ir a tocar la esencia de mi ser, para destruir aquello más preciado, para meter el dedo en la llaga, para tirar alcohol en las heridas, para que mi mundo tiemble. Sabes cuáles son los pilares, y sabes, o crees saber como destruirlos. Lo peor de todo es que no hay nada que te frene, que te limite, no dudas en utilizar tus métodos, aunque duelan, aunque tengan consecuencias, y aunque éstas sean perjudiciales para ti. Lo arrasas todo, destrozando cada pizca de lo que tocas... Te creía diferente, fui boba al creer en ti, lo sé, ahora lo sé.

Debemos poner límites, rayas, fronteras. Debemos marcar la diferencia: aquí sí, y allá no, justo hasta aquí. Dicen que nuestro celebro tiene una parte irracional y otra racional, pero hay veces que se diluyen y cuesta saber dónde estás. Yo te dejé ir, puse límites en el lugar incorrecto, rayas poco marcadas y fronteras no muy protegidas. Supongo que no supe marcar la diferencia, exponer hasta dónde podía llegar. Me imagino que tu celebro es racional e irracional a la vez, y que debía ser yo quién pusiera estas barreras para que no te perdieras en ti.

Sea como sea, culpa de quién sea y por el motivo que sea... es demasiado, ya. El límite es este, justo el que acabas de pasar, la raya que acabas de pisar, la frontera que ya has cruzado.