Siento su corazón, su piel, sus dedos recorriéndome el cuerpo. Siento lo prohibido muy cerca, tanto que me nubla la razón, y no reacciono. Lo toco con la yema de los dedos, rozo aquello tan esperado... está a mi alcance, pero no debo, no puedo; aunque puede que quiera.
Al mismo tiempo que el reloj avanza, aumenta la velocidad del "tic-tac" de nuestros corazones y, junto a ello, las respiraciones se notan en las pieles, en los oídos. El ir y venir del aire choca directamente con mi cara, y huelo su aliento, le respiro y le interiorizo. El ambiente se humedece; de cálido y tierno a caliente y pasional. Sus peticiones son tentaciones para mí, el demonio personalizado, aquello que quiero y no puedo.
Los esfuerzos son enormes. Detener su mano cuando va a tocar un sitio que no quiero impedirle, tener incluso que forrajear porqué su decisión está tomada… tener que parar mi mano cuando él la lleva dónde quiere… Más que esfuerzo, eso es inhumano. “Quítate la camiseta”, “ponte de espaldas”, “dame un beso”; reproduce todo aquello que mi cuerpo me pide, todo aquello que mi mente niega, lo mismo que mi corazón hace tiempo que espera.
Nuestros labios se reencuentran. Mi consciencia no les puede dar permiso para fundirse en un beso, pero mi corazón no puede impedir que contacten. No puedo evitar contactar con sus labios, con su piel, con él.
Le tengo encima, atacando a mis puntos más débiles, besándome dónde más me gusta, mordiéndome sutilmente para hacer que mi cuerpo se estremezca. Su cadera está adaptando el movimiento que le hubiera gustado hacer sin muros de tela, fundiéndose conmigo…; y a mí, todo esto me supera.
No debo, ya sé que no debo, pero soy humana. La sangre fluye por mis venas y calienta mi cuerpo. Las sábanas hace rato que han desaparecido. Le noto más que nunca, esta es la vez que mas le he y me ha abrazado, que nuestras pieles han tenido más superficie en contacto, que estamos en una cama, pudiendo hacer lo que nos apetezca.
“No puedo, lo siento”. Sale de mi boca casi sin querer, bajito, para intentar que no lo oiga, para quedarme tranquila y poder decir que yo he dicho que no. Maldigo que esta no sea la manera, maldigo que acabe de salir de su boca que no está enamorado de mí, que sólo tiene un buen recuerdo.
De repente me invade una sensación de “don nadie”. Nunca he podido sentirme una más. Sé que si lo hago, se quedará aquí (de hecho, así me lo ha dicho él mismo). Sé que si cedo, seré como las demás. Sé que no quiero que sea aquí, con ella al lado, con estas condiciones, sabiendo lo que sé.
Le comunico que así no se hacen las cosas, que hoy no puedo, que los remordimientos me comerían hasta acabar conmigo. Se abrió el diálogo:
* Y quina és la manera?
- John, sempre he pensat que ens arribarà el moment.
* Potser el moment és aquest. Deixa de pensar ya, tia plasta.
- No, John…
* Amy, el moment és aquest. Potser si no és ara, no serà mai; tu decideixes.
- Avui no, no és la manera…
* Pensa que si no ho fas, te n’arrepentiràs.
- … potser, però sé que així no puc.
* Tu mateixa. Recorda aquest dia: 28 de juliol de 2010 (6:32 del matí), el recordaràs pensant que tan de bò ho haguessis fet. Bona nit, Amy.
Le maldigo por esta conversación. Decido sentarme porqué estirada no me salen las lágrimas, y la impotencia me llena. No funciona. Pienso si casi 4 años se acaban así, de golpe, en una noche. Reflexiono y me doy cuenta que me ha forzado, que estoy orgullosa por haber dicho que no, por haberme opuesto a aquello que más quería, por haber sabido que era lo correcto y haberme negado el placer más puro y sincero. ¿Me alegro? De un modo u otro, supongo…
Punto muerto. Mi cerebro no puede más, mi corazón esta sobresaturado y él, sigue a mi lado, dándome la espalda. No reacciono, no entra en mi cabeza todo lo sucedido. Me estiro, le doy un beso en el brazo, ya que me da la espalda, y se la doy yo también. “*Y tu, m’estimes? - Massa”.
Intento dormir. Entre las siete y media y las nueve estoy entre sudores, fríos, apretujones y mocos. A las nueve me levanto y me doy cuenta de que él no está, se ha ido. ¿Será eso una metáfora? Voy al baño y me vacío por dentro. Vuelvo a la cama. Sigue sin aparecer. Un nudo en la barriga, o un cosquilleo, puede que un hormigueo… sea lo que sea, no me deja estar tranquila. Tengo la sensación que he dejado escapar en dos horas aquello que siempre he esperado, aunque sé que ha aparecido en el momento inoportuno, eso no me consuela. ¿Estará enfadado? ¿Hará como si nada hubiera ocurrido? Le recuerdo a él, encima mío, hace un par de horas… pagaría para volver a pasar esas dos horas entre caricias y sábanas, envuelta en su piel, alimentándome de su respiración, sintiendo sus besos… Lo he esperado, sin repetírmelo cada día en estos casi cuatro años, lo he esperado todos ellos. Y cuando llega, lo dejo pasar, “no es el momento, ni la manera”.
1 comentari:
Bru-tal. No puedo decir otra cosa.
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