Qué poder tienen, con qué fuerza impactan nuestras almas y dejan su huella bien marcada. De qué manera somos capaces de absorbirlas y adoptarlas, de confiar y creérnoslas.
Un día me prometí no caer una tercera vez con la piedra. Me convencí que jamás me creería una sola palabra que no estubiera corroborada y demostrada por hechos. "More than words", era lo que necesitaba para creer en algo o en alguien; y, como dice la canción, "más que palabras és todo lo que tendrías que hacer para que esto fuera real, entonces no tendrias que decirme que me quieres porqué yo ya lo sabría".
No es tan difícil, en vez de un "i love you", un abrazo eterno. Para sustituir los "i miss you", una llamada. Por evitar los "i'm sorry", corregir los errores. Por no mencionar los "i'll stand by you", simplemente estar aquí y ahora. A cambio de la orden "smile", una sonrisa espejo. Etcétera, etcétera y etcétera.
Las palabras son sobrevaloradas y, a la vez, infravaloradas. Sobrevaloradas por aquellos que no las infravaloran (entre los cuáles me incluyo). Infravaloradas para aquellos que no las valoran en absoluto, y las usan a la babalá . Hoy me he dado cuenta (otra vez), de la falta de significado de las palabras mencionadas. Hoy, otra vez, me doy cuenta del engaño, de lo vacías que estaban y de lo llenas que las he llegado a ver. Esta vez no voy a prometerme nada. Creer y confiar son dos actos que me cuesta hacer y hoy, por enésima vez, me he dado cuenta de que lo he hecho con la persona inadecuada.
Hechos, todo lo que necesito y lo único que a veces me falta.
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